Denunciemos la xenofobia y el racismo institucional y policial (y de quien sea) contra personas vecinas del barrio (o donde sea)

Nuestro comentario:

En Egin Ayllu hemos dicho muchas veces que, a la hora de considerarla vecina, nunca atendemos al lugar de nacimiento, la raza, la creencia, el sexo, la cultura, la ideología… de ninguna de las personas que vive en el barrio. Vecinas somos todas las personas que vivimos en el barrio, lo hagamos desde siempre, porque lo hemos elegido, o porque es donde hemos tenido ocasión de fijar nuestra residencia. Y entre las personas vecinas, por supuesto, hay quienes se preocupan más por el barrio, por mostrar solidaridad con las gentes que viven a su alrededor, con apoyarse mutuamente o con compartir, y hay personas a las que les preocupa menos, como también (igual que en todos los barrios) habrá personas que sólo se interesan por sí mismas. Pero en estas diferentes actitudes vecinales, son producto de la calidad individual de las personas y no vienen dada por el origen, creencia, raza, sexo o cultura, pues las distintas calidades humanas están presentes en cualquier tipo de grupo humano.

Por eso en nuestros escritos no solemos hacer distinción del vecindario con respecto a estas cuestiones, pero hoy va a ser una excepción. La razón es bastante clara: en los últimos tiempos, de forma más acentuada que de costumbre, algunas personas vecinas del barrio están siendo objeto de persecución, agresión o recorte de sus derechos más básicos sólo en función de su origen, raza o cultura, algo que nos parece tan absolutamente inaceptable como denunciable, y contra lo que creemos necesario e imprescindible que el resto del vecindario levantemos nuestras voces de protesta y mostremos nuestra determinación para parar esta política xenófoba y racista que, principalmente, están animando algunas instituciones y ejecutando y llevando a la práctica sus cuerpos policiales. No es nada nuevo, pero sí su intensidad y dimensión.

Valga como ejemplo de ello tres graves casos ocurridos en los últimos días

Un vecino del barrio, con casi veinte años de residencia en nuestras calles y con implicación en la vida del barrio, simplemente por la evidencia física de su origen en otras tierras, fue conminado por agentes municipales a identificarse, y, tras dar aviso éstos,  posteriormente detenido y conducido a Madrid por policías nacionales, donde se encuentra internado en pésimas condiciones personales y a la espera de que decidan qué harán con él, simple y llanamente por no tener “sus papeles en regla”.Una denunciable práctica policial  que no es un caso aislado en nuestro barrio (y en otros). Porque ¿a cuántas de las personas vecinas cuyos rasgos físicos no nos convierten en “sospechosas y perseguibles” para los cuerpos policiales nos han exigido la documentación mientras, como en su caso, charlábamos con un grupo de amigas y amigos? Eso es xenofobia policial, impulsada, entre otras muchas cosas, por las declaraciones y políticas impulsadas por el alcalde Maroto, quien en busca del voto fácil y carroñero, no duda en incitar y excitar políticas xenófobas y racistas.

Segundo caso. Hace tan sólo unos días el mismo alcalde Maroto impulsaba una dinámica estigmatizadora sobre la población gitana al poner en el punto de mira de su talante más represor (“Vamos a hacerles la vida imposible” ha llegado a declarar[1], con relación a una familia, pero sabiendo lo que eso iba a suponer) a toda la población gitana. No se trata sólo de que, como bien le corrige el portavoz de Gao Lacho Drom, “hay que hablar de individuos y no de clanes. Y si alguien la lía hay que tratarle como al resto”[2], sino de que, por poner un ejemplo, nunca le hemos oído decir, “vamos a hacer la vida imposible a todos los especuladores que tanto daño hacen” o “a los bancos y cajas que se lucran con la pobreza de las familias embargadas”. En esos casos (y muchos otros que se podrían señalar) ni lo dice ni lo hace. Pero en este caso sí, y lo que consigue es poner en la picota a toda la población vitoriana de raza gitana, y potenciar la animadversión hacia ella, empezando por la propia policía. Resultado: a los dos días su Policía Municipal con un despliegue casi militar agrede con saña en las calles del Casco a varias decenas de personas gitanas (personas menudas y ancianas incluidas) que pedían explicaciones por el mal trato policial que estaba recibiendo un menor por haber lanzado un cubito de hielo al paso de un coche policial camuflado. Lo dicho, Maroto estigmatiza y la policía ejecuta.

Último ejemplo por el momento. La Unidad Pastoral del Casco Viejo denuncia públicamente[3] cómo, en contra de lo prometido, se está denegando la tarjeta sanitaria en Vitoria a personas vecinas en “situación irregular”. Y cita el caso de cómo a un padres y tres hijos de origen chino se les ha negado la tarjeta que da derecho a la asistencia sanitaria… y eso que han venido a vivir aquí para reunirse con la madre de la familia que lleva años viviendo y trabajando en nuestras calles. Parece que algo tan básico como la mínima humanidad para propiciar atención médica a cualquier persona que lo necesite, no entra en los estrechos parámetros de la solidaridad y asistencia humanitaria de las instituciones, para quien parece que “los papeles” de la gente son más importantes que su derecho a la vida.

Actuaciones institucionales y policiales como las descritas, en los casos comentados centradas en estas partes de la población del barrio, siguen parámetros muy similares a las que también es habitual que padezcan personas (especialmente jóvenes) por su ideología o militancia. Son puestas en marcha por diferentes poderes políticos y ejecutadas por toda clase de cuerpos policiales. Y, lo que es peor, nadie está a salvo de que la siguiente “política de limpieza” institucional no se centre en ella o él por ser pobre, irreverente, por no vestir con formalidad, o simplemente tener costumbre de hacer vida en la calle (las “ordenanzas cívicas” municipales se van poblando de este tipo de medidas persecutorias con quien no cumple los cánones de lo que los poderes determinan como “normalidad”)

En próximos post seguiremos profundizando sobre alguna de estas cuestiones, pero en éste pretendemos lanzar, junto con un grito alto y claro de denuncia, una llamada a la solidaridad vecinal para que, lejos de dejarnos influenciar por las políticas xenófobas y racistas que se dirigen desde las instituciones, sepamos desarrollar nuestro sentido de la comunidad vecinal, y apoyar solidariamente sin reservas a toda esa parte de la población del barrio a quien pretenden estigmatizar, perseguir y apalear… por algo tan sinvergüenza como un puñado de votos sin escrúpulos o una maniobra de distracción para que no se hable de las consecuencias para la población que están teniendo las políticas que desarrollan esas mismas instituciones.

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2 pensamientos en “Denunciemos la xenofobia y el racismo institucional y policial (y de quien sea) contra personas vecinas del barrio (o donde sea)

  1. Pingback: 2012, crónica de un barrio vivo y una política institucional nula. | la gente rula

  2. Simplemente añadir otro ejemplo más del que fui testigo hace un par de semanas. Fue un viernes a las 14 horas aproximadamente cuando llegando a mi casa en la calle Cubo me tropezé con un par de gaztes de origen sub-sahariano estaban jugando por la calle. Como muchas hemos hecho estos juegos muchas veces son correr y empujarse, reirse y perder el tiempo. Llege a mi casa y estos dos siguieron calle arriba, tropezándose con un par de señoras de avanzada edad que les recriminaron su actitud, no se por que. Los chavales no se callaron y las madaron a paseo cuando apareció una patrulla de la policia autonomica española. Las dos señoras les gritaron ” a esos, a esos” y los agentes se bajaron del coche y retuvieron a los menores, que eran muy menores. Cuando yo llegé a su altura los agentes estaban intentando intimidar a los menores, puesto contra la pared, con las típicas frases ” se os va a caer el pelo” “os tenemos ya fichados” y ante mi presencia los dejaron marchar, ya que no habían hecho nada. A mi me dijeron “qué los batasunos os teneis que meter en todas?”. Un amor de agentes.

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