Tiempos para plantearse en serio el trabajo comunal, el apoyo mutuo y el auzolan en el Casco… y en el mundo

Nuestro comentario:

En estos atormentados tiempos en que junto a miles de mentiras y engaños sobre qué está pasando (y por qué), en los que los responsables “desaparecen” para que nadie pueda exigir responsabilidades, y en los que desde todos los flancos a las poblaciones parecen emitirnos de forma premeditada mensajes de desasosiego y grave preocupación… que tienen como consecuencia un evidente repliego y desmovilización (¿será el objetivo que buscan?), quizás sea el momento de mirar al futuro fiándonos de quien realmente nos podemos fiar: nosotras mismas, y nuestras capacidades para autoorganizarnos y hacer frente a nuestras verdaderas necesidades.

La pregunta final del párrafo anterior, que bien podría servir tanto para la situación político económica general actual, como para la que vive la revitalización del Casco (quien padece ambas dos, y una parte del vecindario ya de forma grave) para nosotras tiene una respuesta evidente: SÍ. Y en ello estamos, dándole vueltas a como pasar de las palabras a las propuestas y los hechos concretos.

Pero nos ha parecido importante ofrecer herramientas para que todas podamos plantearnos dudas, reflexionar, percatarnos de que no es tan difícil como parece… y que ni mucho menos somos las primeras que nos lo hemos planteado y que, mirando a nuestra propia historia (la de Gasteiz, la del Casco) hay mucho que aprender y mucho que confiar en nuestras propias capacidades.

Por ello, y aprovechando que en esta temporada estival igual es más fácil encontrar tiempo para la lectura y la reflexión, hemos elaborado un documento cortito (no llega a las 10 páginas) con el que pretendemos facilitar esos procesos individuales y colectivos.

Está dividido en tres partes. En la primera, (y adelantando parte de un trabajo más completo en el que llevamos tiempo inmersas y que algún día verá la luz) recogemos datos sobre cómo una organización vecinal popular como fueron las Vecindades vitorianas, supieron dotarse de herramienta y organización para desarrollar el trabajo comunal y el apoyo mutuo; algo que supieron mantener durante siglos… y que igual es hora de que nos planteemos recuperar.

La segunda parte recoge la misma realidad, pero en un pueblito alavés a mediados del siglo XX, y sirve también de pista para ver qué iniciativas poner en marcha y qué filosofía es necesaria (o conveniente) para que estas propuestas salgan adelante.

Finalmente, en la tercera parte, facilitamos una serie de reflexiones, dudas-propuestas, que nos parecen interesantísimas, y que son parte de un libro que ya hemos comentado más de una vez en este blog y cuya lectura os volvemos a recomendar fervientemente. Se trata del libro de Jasone Mitxeltorena Auzolanaren Kultura: iraganaren ondarea, orainearen lanabesa, etorkizunaren giltza (Txalaparta, 2011).

Lo dicho, ojalá compartáis nuestro punto de vista y estas lecturas os ayuden a la necesaria reflexión anterior a la puesta en marcha de iniciativas. Seguro que en ello nos vamos a encontrar.

para Auzolan y Vecindades

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2 pensamientos en “Tiempos para plantearse en serio el trabajo comunal, el apoyo mutuo y el auzolan en el Casco… y en el mundo

  1. arratsaldeon

    ya está, ya me lo he leído todo.

    es un trabajo estupendo, mila esker.

    pero quiero dar mi punto de vista sobre el auzolan o veredas, al menos, en lo que yo conozco.

    las veredas tienen importancia en si mismas por 2 motivos: el 1º es hacer trabajos (limpiezas, desbroces, caminos, etc) y pequeñas obras (retejados, arreglos de fuentes o farolas, etc.) para beneficio público (de todas y todos) en la mayoría de los casos o para ayudar a una persona o familia concreta en algunos casos, si así lo acuerda la asamblea vecinal, que no se harían de otra manera; el 2º motivo es que el auzolan sirve para fortalecer relaciones sociales entre toda la comunidad y resaltar la dependencia social de cada vecina o vecino con todo el pueblo.

    hace unos años la Diputación empezó a llamar a las veredas “relaciones vecinales” y recuerdo cómo un alcalde le echaba en cara al diputado de entidades locales de aquel entonces: “… claro, nosotros nos tenemos que relacionar con la azada en la mano y vosotros os relacionáis sentados en las mesas de los mejores restaurantes…” No le faltaba razón a dicho alcalde.

    al grano. sin duda las veredas tienen una gran importancia pero, creo, que son la consecuencia de otros factores.

    para que en una comunidad funcione el auzolan creo que es imprescindible que se den las siguientes dos condiciones:

    .- democracia. Asamblea vecinal. Una vereda por imposición es pura ficción. Asamblea vecinal para decidir no sólo hacer o no una vereda, sino el resto de cosas que nos afectan como comunidad, el gobierno de la comunidad y su gestión también.

    .- defensa del común, de lo público. La comunidad debe sentir lo público como propio y debe estar dispuesta a defenderlo y a cuidarlo precisamente por ese carácter de común, de público. Si no hay común, o si la comunidad no siente el común como algo tan importante, o más, que lo privado…

    si se dan estas dos condiciones, el auzolan (así como otras cosas: comisión de fiestas, defensa autoorganizada contra ataques al común (sea una escuela o una mina en el monte), cooperación y solidaridad con otras comunidades (pueblos o vecindades), etc.) surge de manera natural y es motivo de orgullo colectivo.

    en las antiguas vecindades de Gasteiz, ¿se daban estos dos factores?

    • Muy de acuerdo con todo lo que planteas Uski. Y, sí, claro, en las vecindades vitorianas se daba todo eso… y bastante más. La historiadora Rosario Porres (que no se destaca por ser una gran defensora de estas colectividades precisamente), las define así:
      (…) estas Vecindades formaban la clave de un sistema organizativo que permitía el establecimiento de unos vínculos de solidaridad, de asistencia mutua o de prestación común entre las familias que las conformaban, regulando para ello muchos de los elementos base de la convivencia cotidiana de la ciudad pero también otros indispensables para la conformación y control de “una correcta comunidad vecinal”.

      Por lo que respecta a si eran asamblearias: claro, se juntaban en asamblea en lo que denominaban Junta de Vecindad, que era donde se decidían todas las cuestiones, incluidas las elecciones de los cargos rotatorios de Mayorales y Sobremayorales (los llamaban “cargas”, porque en realidad significaban un trabajo y compromiso añadidos y no tenían retribución). Estas juntas de vecindad (acompañadas de una comida conjunta de toda la vecindad), tenían lugar al menos tres veces al año en sesión ordinaria, pero se convocaban también de forma extraordinaria cada vez que había algo que decidir u ocurría un suceso que afectaba a la vecindad o a su convivencia.

      Ya decimos que estamos trabajando sobre la cuestión y que en un futuro (esperemos que no demasiado largo) publicaremos bastantes más detalles sobre un modelo de organización que, adaptado a la realidad actual (y cambiando algunas cosas que no compartimos, la más bruta la no presencia de las mujeres) puede ser base para una propuesta de autoorganización vecinal mucho más asamblearia y participativa que las propuestas de “participación ciudadana” que se suelen presentar hoy en día.

      Gracias por animar el debate.

      Egin Ayllu

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