La maldita “gentrificación” sigue su incesante goteo de “limpieza vecinal” por el Casco Viejo gasteiztarra. “Gentrifikazio” madarikatuaren ondorio, “auzokide-garbiketak” tantaka jarraitzen du aurrera Gasteizko Alde Zaharrean

Gure iruzkina:

Blog honetan asko hitz egin dugu gentrifikazioaz, alegia, “tanta malaysiarraren” antzera (tantaz tantako tortura mota) funtzionatzen duen “gizarte-garbiketako” prozesua, ustezko berritze-prozesuetako askotan protagonista, gure Alde Zaharrean bezalaxe. Baina guztiok ulertzeko asmoarekin gaia jorratzeaz gain, jardunaldiak ere antolatu ditugu, fanzine bat prestatu, kanpaina bat martxan jarri (“maletak egitera”) eta, hori gutxi balitz, auzokideen testigantzak jaso eta bideo bat ere egin dugu. Eta ez, ez dugu gaia bukatutzat jo oraindik… Alde Zaharrean gentrifikazioak etengabe  aurrera jarraitzen duelako, auzokideak tantaka egozten, aldatzen. Azken hamarkadetan arreta handiena mendebaldeko hegalean jarri ondoren, ekialdekoarekin hasi dira orain. Azken boladan, Barnekale Berrian gertatzen ari dira kasurik argienak eta larrienak.

Nuestro comentario:

En este blog hemos hablado mucho sobre la gentrificación, esa operación de “limpieza social” que a modo de “gota malaya” (la tortura del “gota a gota”) protagoniza muchos de los pretendidos procesos de rehabilitación, como también está sucediendo en el Casco. Pero además de hablar de ella, para que todas la entendamos, hemos realizado unas jornadas sobre la cuestión, elaborado un fanzine, lanzado una campaña (“a hacer las maletas”), e incluso realizado un vídeo que incluye testimonios de personas del barrio. Pero no con ello hemos puesto punto final a la cuestión… porque la gentrificación en el Casco sigue con su ininterrumpido goteo de expulsiones o cambios de vecindario. Tras haberse centrado en las últimas décadas en la ladera Oeste, ahora ha comenzado por la Este. Los casos más claros y más graves en los últimos tiempos se están centrando en la calle Nueva Dentro.

Uno de los primeros pasos fue el anuncio de “pisos para jóvenes” en Nueva Dentro 21-23. Diréis que qué tenemos en contra de esa iniciativa y, obviamente, nuestra respuesta es que nada en contra de que gente joven venga al barrio, lo que sucede es que para que esa gente venga al barrio… se ha desalojado antes a la gente mayor que vivía en esas viviendas. Porque esa política municipal, no se concreta en viviendas sueltas, que se encontraran vacías porque sus dueñas hubieran fallecido, sino que se basa en “vaciar” edificios enteros para introducir ese tipo de viviendas. En estos números 21 y 23 de Nueva Dentro antes vivían 5 personas mayores de 65 años (de un total de 14). No sólo está ocurriendo en Nueva Dentro, por lo que se refiere a la Ladera Este, en estos últimos años se están acometiendo operaciones similares en Cuchillería 92, Chiquita 14 y Pintorería 20. Son unos cuántos edificios… y muchas personas mayores “animadas” a abandonar sus viviendas.

La cuestión además es que esos pisos en alquiler que se ofrecen son por tiempo limitado (hasta un máximo de tres o cinco años), con lo cual van a ser un importante obstáculo para seguir impulsando un tejido vecinal consciente de las necesidades y problemáticas del barrio y dispuesto a colaborar en su defensa, pues se trata de “gente de paso” sin tiempo para enraizarse en el barrio.

Pero no es lo único, ni lo más grave. Con la excusa de las Unidades Públicas de Ejecución (el mismo pretexto ya utilizado con los edificios de, por ejemplo, Correría 127,129 y 133), desde hace unos meses han iniciado los trámites de expropiación de las viviendas de los edificios de Nueva Dentro 1 y 3.. En estos portales sucede también lo señalado anteriormente, antes vivían 7 personas mayores de 65 años, de un total de 15. No es sólo la cuestión del “rejuvenecimiento artificial” del barrio. Pensemos también en lo que supone para la gente mayor tener que cambiar “por narices” (vía expropiación) de su hogar…

Por si todo esto no fuera ya más que demasiado, el BOTHA del pasado 13 de abril publicaba una Resolución del Departamento Municipal de Urbanismo por la cual se ordenaba el “desalojo de los inquilinos y ocupantes de los inmuebles sitos en la calle Nueva Dentro-Judería nº 10 y 12”, requiriendo a las Comunidades de Propietarios de ambos edificios:

para que apeen y apuntalen ambos edificios así como para que presenten un proyecto en el que se contemple la intervención constructiva necesaria para la reposición, refuerzo y/o consolidación de todos los elementos y sectores afectados por patologías

(BOTHA 13-04-2012)

http://www.alava.net/botha/Boletines/2012/042/2012_042_02025.pdf

 Como si las personas vecinas de estas viviendas estuvieran viviendo en malas condiciones por dejadez o pasotismo y por lo tanto el Ayuntamiento hubiera decidido tomar las riendas de la cuestión. Venimos insistiendo desde hace mucho en que hay un buen número de viviendas en el barrio necesitadas de una profunda rehabilitación, pero el vecindario que en ellas reside no tiene recursos para acometer las obras. Y no lo decimos sólo nosotras. A principios de 2008 se publicaban las siguientes declaraciones[1]:

El arquitecto de la Agencia de Renovación Urbana Paulino Medina recuerda que en veinte años han dado ayudas para rehabilitar «cerca de 2.500 viviendas, pero quedan otras 2.000 cuyos propietarios no han pedido ayuda para reformarlas porque no tienen recursos para financiar los arreglos».

Ahora, casualidades de la vida, (esas que sabemos que de casualidad tienen poco), el Ayuntamiento procede a intervenir (que no a costear) decretando el desalojo de dos edificios… en Nueva Dentro, justo en la calle de la Ladera Este en la que está centrándose actualmente la gentrificación promovida por la rehabilitación municipal y, casualmente también, en dos viviendas en las que todo apunta a que el vecindario cuenta con pocos recursos económicos. Un dato que en alguna medida puede hablarnos de su situación económica es que a principios de este siglo XXI, de las 9 personas mayores de edad que había empadronadas en estas viviendas, sólo una tenía vehículo propio…

La cuestión como podéis ver es muy grave, y habremos de volver más despacio sobre ella. Pero para que veáis que no son alucinaciones o inventos nuestros, y que este penoso “fenómeno” es algo pensado y buscado en muchas otras zonas, os dejamos la entrevista realizada a una persona que lleva muchos años analizando y denunciando este fenómeno a escala internacional. Ya veréis como muchas de las cosas que comentar os resultan desgraciadamente conocidas y cercanas. Leedlo y difundidlo hablando de la cuestión con más personas.

Tomado de la revista LADINAMO (LDMN), número de Sep-Mar 2009:

http://www.ladinamo.org/ldnm/articulo.php?numero=29&id=737

La gentrificación y la ciudad revanchista
Entrevista con Neil Smith

Andrej Holm

Autor del libro pionero The urban frontier (1996) y de incontables artículos en torno al fenómeno conocido como “gentrificación”, Neil Smith es profesor en la City University de Nueva York (CUNY). La noción de “gentrificación” –neologismo derivado de la palabra inglesa gentry, aproximadamente “alta burguesía”, “gente bien”– alude a los procesos de transformación de los barrios humildes o degradados en zonas de moda frecuentadas por personas acaudaladas. Esta entrevista fue realizada por el sociólogo Andrej Holm, a quien la Fiscalía alemana acusó de terrorismo y encarceló durante algún tiempo precisamente a raíz de sus investigaciones en torno a los procesos de gentrificación.

Fuente: Mieterecho / Policing Crowds (www.policing-crowds.org)

Llevas cerca de treinta años analizando distintos procesos de gentrificación. ¿Cómo describirías los principios generales de esta dinámica urbana?
La gentrificación tiene lugar en áreas urbanas en las que una desinversión previa en infraestructuras ha generado vecindarios cuya renovación puede resultar muy lucrativa. Inicialmente, la gentrificación afectaba a barrios obreros en declive, cercanos a los centros urbanos, que las clases media y media-alta colonizaban o recolonizaban provocando el desplazamiento y la expulsión de los antiguos residentes. El mecanismo central de la gentrificación es la “diferencia de renta”: cuando los barrios sufren desinversión, baja la renta del suelo que puede extraerse en esa zona, y desciende, pues, los precios de compra y alquiler de inmuebles. A medida que continúa la desinversión, el abismo que separa la renta del suelo en esta zona de la renta del suelo que podría obtenerse en caso de remodelación, crece hasta el punto de que la reinversión comienza a ser rentable. Aunque esta diferencia de renta puede aparecer como fruto de la pura actuación del mercado (como sucede especialmente en Estados Unidos), las políticas públicas suelen resultar fundamentales, en la medida en que promueven o desalientan la desinversión y reinversión.

Naturalmente, sólo la gente más acaudalada puede permitirse acceder a la zona renovada. Así, junto con estos movimientos económicos, se producen transformaciones sociales y culturales que resultan en un nuevo tipo de tiendas, instalaciones y espacios públicos en el barrio.

Cada vez abundan más las intervenciones a pequeña escala en barrios desfavorecidos, supuestamente orientadas a restablecer la estabilidad social. Uno de los instrumentos de esta estrategia consiste en apoyar el establecimiento de artistas, diseñadores y otras profesiones creativas en la zona en cuestión, ofreciendo espacios comerciales provisionales en condiciones muy favorables. ¿Cómo encajan este tipo de estrategias en el contexto de la gentrificación?
Desde la década de los setenta, la gentrificación ha dejado de ser un proceso fragmentario y más o menos marginal dentro del mercado de vivienda para convertirse en una política sistemática y deliberada del desarrollo urbano a gran escala. La gentrificación se ha profundizado como estrategia global de construcción urbana que abarca no sólo el mercado residencial sino también los sectores de ocio, comercio, empleo y economía cultural. También se ha extendido geográficamente por todo el mundo, desplazando a cientos de miles de residentes pobres o de la clase trabajadora. En tanto que estrategia urbana generalizada, la gentrificación vincula los intereses de gestores urbanos, promotores y propietarios, e incorpora también a los empresarios y a las instituciones culturales y educativas que necesitan una fuerza de trabajo profesional. Es también el resultado paradójico, aunque natural, de las demandas medioambientalistas de una ciudad más densa… Ahora bien, estas estrategias a gran escala se engranan con iniciativas de carácter mucho más local. Los gestores de las ciudades de todo el mundo parecen haberse enamorado de la idea de la “ciudad creativa”, e intentan atraer a la llamada “clase creativa” –artistas, intelectuales, gente del espectáculo, diseñadores, etc.– a los vecindarios en proceso de gentrificación. Probablemente la primera vez que se puso en marcha esta estrategia fue en el Lower East Side neoyorquino, donde a principios de los ochenta los propietarios que no eran capaces de alquilar sus locales comerciales los ofrecieron por un alquiler bajo a artistas, con un contrato de cinco años. Transcurrido ese tiempo, al no existir ningún control sobre los alquileres ni sobre el uso de los locales comerciales, y con el vecindario en pleno y veloz proceso de gentrificación, los propietarios comenzaron a exigir subidas de alquileres de un 400%, un 600% y hasta un 1.000% para renovar los contratos. Los artistas ya habían cumplido su labor como avanzadilla de la gentrificación y fueron ellos mismos desplazados.

En algunos barrios de Berlín, como Nord-Neukölln, hemos advertido una creciente afluencia de estudiantes, con el consiguiente aumento en el número de contratos de arrendamiento y subida de los alquileres. Sin embargo, en los debates sobre estas transformaciones, se descartó que hubiera una amenaza de gentrificación esgrimiendo la mala imagen del barrio, totalmente opuesto al estilo de vida de los gentrificadores. ¿Hay barrios demasiado malos para sufrir un proceso de gentrificación?
Los estudiantes suelen desempeñar un papel importante al abrir las primeras grietas en la coraza de barrios que la mayoría de profesionales no estarían dispuestos a colonizar. La cuestión de si un determinado barrio será o no objeto de gentrificación depende de la amplitud de la diferencia de renta y de las particularidades de la política local, pero también de otras muchas cuestiones locales o vecinales. Si la diferencia de renta es suficientemente profunda, no creo que haya ningún barrio “demasiado malo” para la gentrificación, aunque, por supuesto, no hay garantías de que un determinado barrio vaya a ser efectivamente gentrificado. Pensad en Harlem, en Nueva York, que en los sesenta y setenta era un símbolo internacional de decadencia urbana. Por supuesto, la situación era en buena parte producto del racismo: en 1980 el 97% de la población era afroamericana. Nadie creía que esa situación fuera a cambiar y, sin embargo, hoy está viviendo un proceso intensísimo de gentrificación. Profesionales afroamericanos, estudiantes, abogados, gays, yuppies blancos… todos se están mudando a Harlem, y los precios de la vivienda están disparados. La Universidad de Columbia planea un gran desarrollo universitario en la zona. Si Harlem puede ser gentrificado, no creo que haya ningún barrio inmune. Ahora bien, los barrios se gentrifican de maneras muy diversas. En algunos casos, el proceso es como un cataclismo, especialmente allí donde se cuenta con el respaldo de un poder público centralizado o con una implicación institucional a gran escala. En otros casos, el proceso es lento. Algunos barrios pasan enseguida a ser exclusivos –y excluyentes–, mientras que otros conservan cierta mezcla social durante largo tiempo. La distinta suerte que puede correr una zona depende de numerosos elementos tales como el tipo de propiedad de los inmuebles, la legislación y regulación vigentes, la estructura de clase y la cohesión social, la oposición vecinal, las iniciativas empresariales… Lo que une todas estas experiencias es el desplazamiento de clase en el vecindario y el grado mayor o menor de expulsiones (directas o indirectas) que acarrea.

Hay cierta controversia en torno a la correcta explicación de los procesos de gentrificación. Hay quien trata de analizarlos como un cambio en los estilos de vida, los patrones demográficos y las condiciones laborales (algo así como una explicación basada en la demanda). Tú siempre has argumentado a favor de una explicación económica, centrada en la oferta. ¿Cómo valoras hoy la relación entre estos dos tipos de explicación? En otras palabras, ¿la gentrificación es más un problema relacionado con los yuppies o con el mercado inmobiliario?
Uno de los eslóganes antigentrificación que se difundió en el Lower East Side en los ochenta era: “Muere, basura yuppie”. Todavía conservo una camiseta con esta frase. Por supuesto, es un lema eficaz para asustar a los yuppies y, de hecho, la gentrificación de esta zona estuvo en stand by hasta que el ayuntamiento expulsó a los sin techo y a los manifestantes del parque de Tompkins Square. Sin embargo, “Muere, basura yuppie” no es un buen análisis de la gentrificación. Incluso los yuppies se enfrentan con un abanico bastante limitado de elección en el mercado residencial, aunque obviamente tienen muchas más opciones que los pobres. En cambio, los propietarios de capital embarcados en el proceso de gentrificar y desarrollar un barrio cuentan con una amplísima capacidad de elección a la hora de elegir qué barrios desean “consumir” y qué tipo de alojamiento e instalaciones quieren producir para que los demás consumamos. Hay una enorme asimetría entre el poder que tienen las grandes corporaciones capitalistas en el mercado y el “poder” de alguien que trata de alquilar un piso con un salario medio. Así que, si bien la cuestión de los patrones de consumo no es en absoluto irrelevante, sí es secundaria en comparación con el desmedido poder del capital.

¿Qué consecuencias tiene para las luchas vecinales el planteamiento de la gentrificación desde una perspectiva económica? ¿Cuáles son los conflictos centrales para las iniciativas antigentrificación y qué tipo de coaliciones y alianzas son posibles?
En la medida en que la gentrificación ha pasado a ser una estrategia urbana global, las luchas antigentrificación se ven obligadas a moverse en este contexto ampliado. Las estrategias locales son vitales y deben poner el acento en el desplazamiento, las expulsiones y la pérdida de servicios y empleos en los barrios. Pero las luchas también deben tener en mente la situación global. La gentrificación forma parte del proceso mismo de globalización: para construir una ciudad global es preciso atraer capitales y turistas, y para ello la gentrificación es una herramienta básica. Algunos activistas de barrio han tratado de unirse a gentrificadores de pequeña escala para luchar contra operaciones de remodelación urbana a gran escala, pero esto no deja de ser un proceso de gentrificación basado en ofrecer los barrios a la llamada “clase creativa”. Lo mismo puede decirse de las “estrategias de regeneración urbana” que la Unión Europea promociona como núcleo central de sus políticas urbanas: “regeneración” se ha convertido en poco más que un sinónimo gentrificado de gentrificación. Creo que debemos empezar a pensar en términos de agrupaciones de arrendatarios y asociaciones vecinales. Los dos tipos de colectivos deberían asumir una creciente responsabilidad en la organización del alojamiento en los barrios, al tiempo que construyen localmente una posición de poder desde la que forzar una legislación pública antigentrificación: control de alquileres, legislación contra la expulsión de vecinos, más vivienda pública, etc. Pero además de esta organización local, los opositores a la gentrificación deberían trabajar codo con codo con los movimientos en favor de una justicia global. El alojamiento es una cuestión de justicia social y la gentrificación es parte de una estrategia más amplia de acumulación de capital a escala global. Muchos de los procesos actuales de gentrificación son diseñados, implementados y financiados por un capital internacional que toma sus decisiones a escala planetaria, no ya local. La conexión entre las luchas antigentrificación y los activistas del movimiento por una justicia social global puede acabar siendo extremadamente amenazante, como demuestra la respuesta histérica del Estado alemán, que acusó de terrorismo a siete personas, algunas dedicadas a investigar la gentrificación. La gentrificación se ha convertido en un medio de tomarse la revancha contra los sin techo y la clase trabajadora: la ciudad revanchista se venga contra aquellos a los que el capitalismo neoliberal ha convertido en víctimas.

Anuncios

Un pensamiento en “La maldita “gentrificación” sigue su incesante goteo de “limpieza vecinal” por el Casco Viejo gasteiztarra. “Gentrifikazio” madarikatuaren ondorio, “auzokide-garbiketak” tantaka jarraitzen du aurrera Gasteizko Alde Zaharrean

  1. Pingback: 2012, crónica de un barrio vivo y una política institucional nula. | la gente rula

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s